De los seres con memoria:
《Esta historia se encuentra en alguna página de los libros de mi memoria. Un simple tomo de aquella vasta colección que atesoro en mi biblioteca. Una página a la cual le guardo muchísimo cariño. Es un recuerdo especial.》
Caminábamos juntos por el bosque. Cada uno con la serena intensidad del otro. Te acercaste al pasto para oler una flor. Me hubiese encantado congelar ese momento. Pero no poseía esos conocimientos. No los tengo todavía.
Lo que sí tengo es un cuadernito, donde voy dibujando bocetos y haciendo arte con lo que veo todos los días. No se trata de un arte vanguardista y conceptual, más bien diría que es un intento expresivo del alma. No busca lo estéticamente correcto, sino reflejar de alguna forma (la que quiera nacer ese día) eso que todos llevamos adentro; acariciar con palabras el mundo de las ideas; materializar las partículas viajeras que recorren nuestros jóvenes y hambrientos cuerpos.
Te levantaste y te reíste. Verdaderamente captaste la esencia de esa flor. Una flor chiquita, blanca, tímida. Solitaria entre tanto pastizal. Ella supo valorarte. Y no sólo eso, sino que fue feliz al hacerlo. El bosque, agradecido por tu presencia, se inclinó ante tu persona. Quién sabe qué te habrá mostrado, qué información haya enviado a tu cuerpo. Pero sin dudas expandió tus fronteras. Pude verlo en tu sonrisa. Ya no era la misma. Estaba más completa, más viva.
En un gesto tan humilde como el acto de oler una inocente flor, te volviste digna del respeto del bosque. Tu pureza conmovió a los sabios y milenarios árboles.
Los mismos árboles que con sus hojas de verano me miraban a mí, compasivos. Compasivos por aquel hombre desesperado que no había de encontrar su camino. Compasivos con todos los hombres que aún no han podido encontrar el suyo.
《Eso es lindo en los seres con memoria. Podemos revivir un recuerdo miles de veces.》
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