el día del arquero

el arquero nunca jamás debe elegir un palo

debe esperar, hasta la última millonésima de segundo

y entender a la pelota

a la inentendible 

que surca el viento como gaucho furioso a la pampa 

temeraria, irrespetuosa 

sería perfecta para algunos.

pero a él solo le debe importar su cómo.  

y entender que su cuerpo sabe a dónde va a ir

porque la vio, la percibió, la experimentó 

no sabía cómo, pero ambos, amenaza y héroe, eran un fuego 


se impulsó bestial por los cielos 

poniendo en jaque la resistencia de la atmósfera 

se alejó lo más posible del plano en el que transcurre la vida de todos, simples mortales

liberando continentes con una abalanza de proverbio 

arrancando sufrimientos de los corazones como cardos del suelo 



e impactó


se planchó firme nomás. ni los pelos se le movían por el viento. 

que locura gritaba la gente

era una mezcla de asombro, placer e incredulidad. muy pocas veces visto. 

porque el sentimiento era general. ¡qué locura!

abrazos, llantos, lágrimas voladoras


y el tipo seguía ahí

inmóvil, firme, no la largaba más. 

hasta que el árbitro no tocara el silbato no la largaba más.

"déjenme descansar con ella, vayan ustedes." 

y no la largó. nunca más. el estadio se demolió. lo tiraron abajo. pasaron años, eras. 

todo cambió. muros cayeron, torres se demolieron. todo cambió. salvo una cosa. 

él seguía ahí. de bronce. inmortalizado. despatarrado y con la pelota bajo su custodia. 

dos aletas contenedoras tenía como brazos

y un corazón que sigue ardiendo más que nunca. gracias a ese fuego, él estaba a salvo. 

y es por eso que nos salvó a todos.  






Comentarios