Películas Western, del Viejo Oeste. Las encontré en el ático de mi antigua casa, debajo de una caja repleta de cosas viejas. Las películas estaban a cassette (video-cassette) y tenía que encontrar un reproductor que me permitiera verlas. Sabía que alguno había, sólo tenía que encontrarlo. Al cabo de unos minutos, finalmente di con su paradero. Una vieja caja naranja de zapatillas Avia, descolorida por el paso del tiempo, contenía el reproductor de video-cassettes con su cablerío correspondiente.
Tampoco fue automática la reproducción del film, puesto que los televisores LED actuales, en su mayoría, sólo poseen entrada de video/audio HDMI. Vale aclarar, estimado lector, que el HDMI es un pedo nuevo al lado de las antiguas fichas AVI (Audio-Video) que constan de las fichas rojas y blancas para el audio right-left y la ficha amarilla para la transmisión de video. Cuarenta y cinco minutos después de encontrar el reproductor, logré instalar un viejo televisor que también se encontraba en el altillo. Un Hitachi acajonado negro, de monstruoso tamaño y profundidad. No sé cómo antes podían colgar esto en las paredes sin que se viniera abajo o sin ocupar la mitad de la sala.
Coloqué el televisor en la mesa del quincho; los cables AVI en el televisor; los cables de los aparatos en los enchufes correspondientes. El Hitachi encendió su luz roja, indicando que tomó corriente y que estaba listo para ser encendido, ¡en verdad funcionaba! Más importante aún, la luz roja del reproductor de videocassettes también encendió su luz.
Todo estaba listo. Saqué de su caja el VHS de “Ya no habrá otra mañana igual”, que tenía como portada a Ray Oldwood, montando heroicamente su caballo y su ropaje de Sheriff, y lo inserté en el reproductor.
La primera imagen en reproducirse es la cortina de presentación de la productora. Prometeo 45’ Productions figuraba bajo una tétrica cara azul tallada en piedra antigua.
Pantalla en negro: “1927, en alguna casa del lejano oeste americano”. Vemos a un niño de no más de nueve años, arrodillado al lado de un viejo baúl de madera. Está oscuro, es de noche, sus padres duermen. Parece que se encuentra en el ático. Tiene una linterna, de esas que hoy nos parecerían una antigüedad de anticuarios. Un contrapicado en movimiento nos revela su rostro en primerísimo primer plano. El momento exacto en el que abre con sus manos la tapa del baúl, descubriendo su contenido. El momento exacto en el que la curiosidad se apodera de su mundo.
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