Miro para arriba, al cielo y las estrellas.
Nubes negras ocultan el misterio y sus respuestas.
Un anillo rueda, jugando, sobre mis dedos para caer y reposarse sobre mi antiguo escritorio de madera.
Allí no hay más que papeles, viejos escritos e insignificante burocracia
¿Habrá algo para mí a pesar de todo?
me lo repito de distintas formas
mi mirada recorre el camarote, como siempre, en busca de algo y mi mente se inunda de palabras
de vacías álgebras, que atormentarían al más mortífago de los demonios
harían de su carne una máquina de guerra
de sus palabras, tentaciones a la violencia
y de su lengua, la daga curva más afilada del próximo oriente
"los límites no funcionan la mayoría de sus veces
si somos fractales en permanente movimiento
un límite sería un atentado contra nuestra naturaleza"
Y sin más, asesté un golpe con el dorso de mi puño sobre el antiguo escritorio
No me había dado cuenta, pero la parte superior de mi cara se estaba acalorando, el rubor se había apoderado de ella.
Mi cabeza va a estallar, las velocidades neuronales superan la capacidad de cualquier animal antes visto.
No distingo las edades, y los sonidos me aturden.
¿Soy un joven capitán prodigio? ¿O un viejo experimentado sin esperanzas?
Intento respirar pero mis abrigos me aprietan.
Desnudarme sería un acto de cobardía. De locura y de rendición.
Rendirse puede ser un camino. El camino de la víctima, el camino del villano. Suspiro. Escupo en la escupidera.
Al levantarme de mi asiento, sosteniendo mis manos sobre los apoyadores, escucho un grito. Arriba, en la cubierta.
¿Acaso será esto lo que estaba esperando?

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